Escalada de robos y estafas contra las personas mayores

Las personas mayores están en el punto de mira de los delincuentes, de los ladrones y de los estafadores que, ante la caída generalizada de sus víctimas potenciales, no tienen escrúpulos en aprovecharse de la vulnerabilidad del colectivo de las personas de más edad.

Las imágenes de un delincuente golpeando a una mujer de 85 años en el portal de su casa de València cuando regresaba de la compra conmocionaron y dolieron más que si los golpes los hubiéramos recibido nosotros. En Barcelona, a mediados de septiembre, se sucedieron varios robos de cadenas mediante tirones que derribaron a las víctimas y alguna necesitó curas en el hospital. Delitos que evidencian la necesidad de incrementar unas estrategias de prevención que la pandemia obligó a reinventar para trasladar a la población los mensajes de protección y seguridad de otra manera.


La nueva estrategia

Los Mossos han formado a técnicos de teleasistencia para hacer prevención

Se calcula que 1,6 millones de personas mayores de 65 años viven solas en España. El aislamiento decretado durante el estado de alarma les hizo mucho más vulnerables. Lo cuenta Carles Domingo, integrante de la unidad central de proximidad y atención al ciudadano de los Mossos d’Esquadra. Hasta el decreto de encierro, la policía contaba con un auténtico ejército de agentes sociales que, de una u otra manera, estaban al corriente del bienestar de las personas mayores que viven solas. En la farmacia, en la tienda, en la peluquería, en el parque durante el paseo al perro, en el ambulatorio, en el centro de día... en cualquiera de esos espacios comunes los abuelos se interrelacionaban con personas de confianza que podían alertar a los Mossos si detectaban que alguna cosa no iba bien. El encierro cortó esa vía de comunicación y los problemas no terminaron, sencillamente se silenciaron dentro de las casas.

Se añadieron además otros riesgos nuevos que con la desescalada se han ido descubierto. De la noche a la mañana buena parte del colectivo de personas de edad avanzada que solo utilizaban el móvil y el ordenador para hablar, chafardear en internet o compartir alguna foto en el WhatsApp, descubrieron que la única manera para comunicarse con sus seres queridos durante el encierro era tirar de unas tecnologías que, además, ofrecían la opción de comprar sin salir de casa.

“Si ya es difícil para las personas habituadas no caer en las trampas de los estafadores, imagínate los estragos que han hecho con los colectivos más vulnerables que en muchos casos usaban internet por primera vez”, explica el policía.


Secuencia del robo violento que sufrió una anciana en València (.)

La gran preocupación de los Mossos fue desde el primer momento no romper la comunicación con ese colectivo vulnerable y buscar nuevas vías para hacerles llegar el mensaje de que tenían que extremar el cuidado y desconfiar porque se estaban produciendo muchísimas estafas en internet. Para rehacer los canales de comunicación los Mossos eligieron dos vías. Una fue la de la colaboración ciudadana a través de los administradores de fincas, que les ayudaron con carteles que aparecieron en los bloques pidiendo ser solidarios y atentos con los vecinos mayores que vivían solos. La segunda vía consistió en la de apoyarse en los diferentes servicios de teleasistencia que desde diputaciones, entidades sociales y privadas funcionan como soporte de los colectivos. Carles Domingo explica como esos técnicos hablan semanalmente con esas personas. “Es una relación de confianza para saber cómo están, si se han tomado la medicación, si está todo en orden”. Lo que hicieron los policías fue formar a esos técnicos sobre la manera de introducir en esa conversación rutinaria consejos de seguridad y prevención durante la pandemia y que siguen siendo útiles con la nueva normalidad.


NUEVAS VÍCTIMAS NOVATAS


El uso descontrolado de las tecnologías ha multiplicado los timos a la gente de más edad


“A los técnicos de la teleasistencia se les ofrecieron unos cuestionarios y una documentación que les ha ayudado a interpretar si algo no va mal y avisarnos inmediatamente”, explica.

Los consejos son los de siempre, pero en colectivos como el de las personas mayores que viven solas conviene recordarlos muy menudo. Uno de los principales es que no deberían fiarse de las personas que no conocen, por mucho que les generen confianza a simple vista. Eso es lo que a día de hoy repite cada vez que la ve un mosso de la unidad de investigación de Ciutat Vella que en febrero tomó declaración como imputado a un joven de 29 años y nacionalidad española que se aprovechó de la vulnerabilidad y buena fe de una mujer de 87 que le acogió en su casa. A finales de febrero, la mujer acudió a la comisaría de los Mossos d’Esquadra contando que echaba de menos una bolsa con más de medio kilo de joyas de gran valor. Se había dado cuenta al ir a cambiarse de pendientes porque los que llevaba le hacían daño. El mosso acompañó a la señora hasta su casa y comprobó que la puerta no estaba forzada, que no había nada violentado y que quien lo hizo debió tener acceso a la vivienda.

La mujer explicó entonces que hacía seis meses que había cedido una de sus habitaciones a un joven al que conoció en una reunión de un centro social del barrio. Educado, atento, culto y amable, el joven le contó que trabajaba en la Cambra de Comerç de Barcelona y que necesitaba un lugar donde alojarse. La señora no lo dudó.

El joven colmó a la mujer en atenciones y cuidados. Era amable, la acompañaba al médico cuando ella lo necesitaba y a las gestiones bancarias si era necesario. Incluso la llevó a Tarragona para que conociera a su familia, tras comprobar que ella estaba sola, sin herederos y con una importante cantidad de dinero ahorrada en una cuenta bancaria.

Con pudor, la víctima, a la que le costaba admitir que el joven podía ser el autor del robo, explicó al mosso que en los últimos tiempos el joven le había insistido en ir a la notaría a firmar unos papeles. “Llegó a plantearle que se casaran como un mero trámite”, explica el policía.

El mosso citó a declarar al joven y pese a que era su sospechoso le pidió que le ayudara a recuperar las joyas, que seguro que la señora había olvidado donde las guardaba. Antes de salir del despacho, explicó que la señora le había regalado unas cuantas joyas para premiar sus cuidados y atenciones. El policía logró recuperar parte del material robado que, por el estado de alarma, los joyeros no habían fundido.

Malos tiempos para ser buena gente y confiado.


Fuente:https://www.lavanguardia.com/sucesos/20201006/483882113965/robos-estafas-gente-mayor-confinamiento-delincuencia.html

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